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Artista y persona, artista o persona

lunes, 9 de marzo de 2009

Lejos de desprestigiar a nadie, quiero hacerme eco de una vivencia que tuve el fin de semana pasado. Como pequeña reflexión, aunque se podrían escribir libros, anecdotarios de felicidad y desengaño. El pasado viernes estuvimos ella y yo en el Teatro Apolo de Almería, recital en la capital almeriense de Lourdes Hernández, más conocida en el mundo musical como Russian Red. Su apuesta clásica (o arriesgada según se mire, ahora lo de toda la vida se sale del tiesto) con raíces en el folk americano y reverberaciones en la historia de los legendarios songwriters, unida con una voz bella y centelleante constituye una fórmula excitante para los oídos. Como se esperaba, y con el público de Almería practicamente llenando el Apolo, el concierto fue de una sutileza y una ejecución que rozaba la perfección. En este sentido, absolutamente nadie salió defraudado. Aunque algo sí que percibí y que luego me plantearía varios pensamientos: falta de intensidad en los músicos que no lograron conectar y transmitir con el público, su público.

Esto es en cierto modo preocupante. Fuera lo que fuese lo que ocurrió en la atmósfera que a todos nos rodeaba, decidí aparcarlo a un lado; no podía ser de otra forma después de la felicidad que me invade después de este tipo de espectáculos. Asiento reservado, silencio, un xilófono, ella a mi lado. Como en otras tantas ocasiones, no pensamos en otra cosa sino en esperar al final a la artista, y así encontrarnos con Lourdes, la persona. En primer lugar nos invitaron a abandonar el patio de butacas, porque ella saldría por la puerta de camerinos. Nos avisaban que tardaría una hora, que sería posible que al final no se dejara ver, gente de su equipo nos aseguraba que ¡no saldría a firmar discos! En ocasiones son tantos los nervios y la ilusión que corren por tus venas, que haces caso omiso de las palabras, y persistes en tu idea: en otras ocasiones fue igual, con resultado inolvidable.

Esa noche no sucedió así. Nosotros dos, y aproximadamente otras quince personas (de las que pude contar once o doce adolescentes) nos quedamos con las ganas. ¡Once o doce adolescentes! Que en lugar de bajarse el último grito del reaggetton, o en lugar de publicar a los cuatro vientos sus canciones escandalosas y molestas pasadas por cable USB al teléfono móvil, tenían en sus manos el disco de Russian Red (y único hasta la fecha, lo que es importante recalcar para tener una mejor visión de mis reflexiones), de los que hoy cuestan 18 €, de los que es practicamente imposible conseguir en una ciudad como Almería. Se quedaron, viendo como su artista favorita abandonaba el teatro en una furgoneta justo por la puerta por la que se les avisó que no saldría. Que no escaparía, observando la estampa. De ahí en adelante el desencanto, la impotencia. No vimos a la persona, vimos de lejos a la artista.

Ahora viene aquí por fin la reflexión (y perdón por la introducción tan narrativa): ¿es realmente necesario esto? Lourdes puede tener un mal día (sí). Russian Red puede ofrecer un concierto frío y poco comunicativo (sí). De hecho todos tenemos días malos. El bolo (y miren que no me gusta nada el calificativo) no incluye firma de discos (sí). Pero ninguna de estas premisas justifican, lo que es en mi modo un mal gesto, un error. Porque Lourdes (me permito el tener como objeto de mi monólogo) los artistas, como tú lo eres, como lo son músicos, pintores, escritores, se deben a su público. Los grandes artistas, se deben y corresponden a su público. Porque estás empezando, y ni en grandes y viejos rockeros he visto tal escapada. Ignoro las causas, pero conozco las consecuencias: desencanto y desilusión en la gente que te sigue, y que te ha hecho estar donde ahora mismo nadie duda que estás. Porque aún ignorando las causas, dar cinco minutos de felicidad estaba en tus manos, y dejaste pasar la oportunidad. El balance para mí es claro, y aún desconociendo si tomaste o te hicieron tomar la dirección equivocada, fue un error.

Os dejo con mi canción favorita de Russian Red para esta noche, esta noche cansada y pasajera, agotada y efímera. Kiss my elbow.


Idas y venidas

jueves, 29 de enero de 2009

En los últimos días se acumulan a mi alrededor las noticias positivas y negativas, a partes iguales. Cuando uno de los dos tipos aparece, el bando contrario se manifiesta para decir: "aquí estoy yo". Es este el motivo principal por el que he decidio abandonar por primera vez los artículos monotemáticos y crear por primera vez algo más variado, que repase un poco las idas y venidas de ideas y equivocaciones de algunos (a mí modo de ver, claro está). Y es que en ocasiones me he querido felicitar de algo para posteriormente decepcionarme, y viceversa.

En primer lugar comentar algo sobre las decisiones rápidas -por lo tempranas en su tiempo de mandato- de Barack Obama sobre la cárcel de Guantánamo, en Cuba. Celebro esta decisión y el porqué de ello es claro: en esta prisión torturadora y de ciencia ficción había muchísimas personas sin causa justificada, sin pruebas, bajo la sospecha de participación activa en actos asociados al terrorismo. Este cambio deja paso a otras cuestiones de importancia, como son qué países darán acogida a estos presos inocentes (lo más que probable de la Unión Europea y no el país que causó el problema, EEUU, por lo que el debate está servido) o el reclamo cubano de la devolución del terreno de Guantánamo y canje de presos, dado que consideran que es una base extranjera no aceptada por ellos mismos.


Mientras tanto, y desde el lado negativo de las sensaciones aparece de nuevo José María Aznar (con Facebook incluído) para participar en esta ocasión en unas jornadas, como cabeza de cartel, y apuntarse al negacionismo del cambio climático (!). Además, presentará un libro (Planeta azul pero no verde, escrito por el presidente checo, Vaclav Klaus), el que se trata este punto de vista fuera de lo normal sobre este problema. Más me ha sorprendido aún cuando hasta W. Bush asumió ya incluso la problemática del calentamiento global. También nos ha dejado últimamente un par de perlas de gran calibre al opinar que "Israel ejerció sus derechos en Gaza" o que duda en lo positivo del cierre de Guantánamo debido a los posibles efectos en la lucha contra el terrorismo. Por favor, no desaparazcas nunca, infinitas horas de diversión a tu lado...


En otro orden de cosas, un par de apuntes universitarios inevitables en esta época de exámenes que vivimos una vez más. Una nueva decepción en la Universidad de Almería al comprobar que siguen sin cumplirse algunas de las promesas electorales del actual rector, Pedro Molina, ya que se repiten de nuevo los problemas de espacio para todos los alumnos en las salas de estudio durante los fines de semana; la imagen de hileras de folios "ocupando el sitio" es habitual, más folios que personas en la sala. Nadie se arriesga a llegar un poco más tarde y tener que volver a casa. ¿Para cuándo una gran sala de estudio, al menos para las mañanas de los fines de semana?

En el lado positivo, las nuevas salas de grupo dispuestas (aunque un poco tarde), se agradece bastante la ampliación en este sentido. Para terminar una anécdota, y que puede ejemplificar de alguna manera lo mediáticos que son algunos medios como las redes sociales (en este caso, Tuenti) ya que días después de que circulara una nota que incluía todo tipo de quejas y sugerencias de mejoras para la UAL, esta mañana ví en el edificio CIDU un microondas (será para calentar el mundo). Por lo menos, algunos de los deseos se han visto cumplidos...

Los días fríos

martes, 2 de diciembre de 2008

No hace tanto del verano, no. Ya no voy en manga corta, eso es cosa de otros, ni veo el mar tranquilo que reposaba exhausto en la arena. Quiero ser el leñador de días más fríos, en los que buscas el fuego de la chimenea para que arda a tu vera. Y un libro, y un LP, la nieve pasa a alta velocidad al lado de los vagones, mientras observamos los olivares congelados. Son días fríos dentro de la propia frialdad que vivimos. El amor no se ofrece en libertad y gratuitamente, vagabundos duermen ante la pasividad de los jóvenes alumbrados por la sinrazón, o cualquiera que pasa por la calle roba los balones despedidos de un zurdazo sinsentido en tu partido de fútbol semanal. No hay mantas ni calefactores que arropen tal fenómeno meteorológico.

Es ahora cuando quiero evocar a Xoel López, evadirme de mí mismo, defender el escapismo. Entiendo su retirada temporal del mundo en el que vive, en el que vivimos, al igual que entendí en otros momentos diferentes a otras personas. Se despide por tiempo indefinido, para viajar por Latinoamérica, para estar con su pareja, o para lo que quisiera hacer, como por ejemplo criar gallinas. Quiero levantar la mirada y reinventarme, ojalá pudiera siquiera hacerlo en los sueños en los que despierto con cara de felicidad. Explorar nuevos mundos, estar con los que quiero estar, escuchar discos de antes hasta caer rendido por el cansancio, leer los libros de poesía que nunca se han escrito, disfrutar con Mule Variations. Evoco a Xoel López, porque el ser humano tiene un límite y una vergüenza, y si tiene el poder y el tiempo necesario tiene también la posibilidad de huir, para luego volver con más fuerzas y honrar a su género. Lo evoco y lo homenajeo desde la envidia y la admiración, me quito el sombrero, y no para aplaudir una cobarde huída de los problemas, sino un decir que estoy en la cima de mis aspiraciones y lo dejo todo por puro inconformismo.

Son días fríos de humanidad y tiempo, que vienen desagradables y con fuerza. Pero amo la nieve con todas mis fuerzas, por la tranquilidad, el ambiente que genera (logramos apreciar de verdad el calor que nos hace vivir), las castañas del puesto de la rambla o los auriculares tirados en la cama. Quiero salir, irme lejos, disfrutar y sufrir por la vida y sus menudencias, lo dejo todo por un minuto contigo, con un sorbo a sorbo de patxarán, con ese tu abrazo de mirada perdida y brazos circundantes en el coche, me partes el corazón. Amo estos días fríos dentro de los otros que vivimos con absurdidad, de los cuáles sólo el calor de la batalla logrará salvarnos.

Fin de semana

martes, 18 de noviembre de 2008

Veníamos como líneas rápidas, estiradas en el infinito, desde el invierno de pueblo y cortante de las calles de Nazarí. Como los faros de los coches perdidos en la densa niebla, como algodón agobiante. Hablábamos de canciones, de cervezas con grado y máster, de fútbol, de los sueños y el miedo. Del miedo de estar lleno de desayunos castizos y castigadores (peor será la comida) y de la frialdad de pueblo y cortante de los nazaríes. Las canciones se callaban rápido, el tiempo corría en nuestro pelo como el viento.

Ford Capri de Quique González

En el asiento de atrás estaba ella, con el pelo enredado en el cinturón de seguridad y ausente en el sueño, presente en mis guiños. La verdad, no sé qué música sonaba en mi cabeza; lo más probable es que fuera su viva imagen. El concierto de la noche anterior había sido insultantemente poético, intenso y caluroso. Luis García Montero en los aplausos, en el retrovisor del
Ford Capri. José Ignacio Lapido en el backstage, bajo las luces de neón: ¡manos quietas, este coche ya ha sido robado! Los recuerdos de algo que era pasado marcado a fuego en la piel se mezclaban con los mejores planes de futuro.

Hacíamos viajes infinitos con la mente. Las mejores fiestas, el reencuentro con esa vida que en sueños disfrutamos hasta llorar de pena al despertar de un golpe con la almohada. En sólo dos fines de semana, aquí. Como un adelantamiento peligroso, ella pronunció estas palabras que aún retumban entre paredes:
“Vivimos de fin de semana en fin de semana”. Hoy ya no es hoy. Esta noche ya no es esta noche. Hoy y esta noche son la preparación del fin de semana. Ya no soy libre, he encontrado el abismo en mi propia grieta, la que dicta Raúl Quinto. Las rutinas bailan en el escenario de los tiempos modernos y me dirigen, y desde ese momento sentí que conducía de vuelta al próximo fin de semana, siento que bajo las escaleras al próximo fin de semana, pienso, y duermo preparándome inconscientemente para el próximo fin de semana. Ojalá un día de estos el fin de semana sea la vida entera, porque entonces seremos libres en espacio y tiempo.