De paseo por la UAL

miércoles, 10 de diciembre de 2008

Quizás esté equivocado, o no, pero no es normal lo que ocurre desde el inicio de curso en las instalaciones de la Universidad de Almería (UAL), aún incluso en la perspectiva que ofrece el escribir desde dentro de uno de sus edificios. Y pienso que no soy el único que se lo ha planteado, es más, todos los universitarios que acudimos diariamente a clase lo sufrimos en nuestras propias carnes; prácticamente es insignificante el horario en el que lleguemos allí, que lo sufriremos.

Y es que como he dicho, desde hace unos meses se están aplicando las reformas del campus universitario. Hasta ahí bien, queremos nuevas instalaciones, mejorarlas, dejar que la tecnología invada de por vida nuestros cuerpos. El caso es que un alto porcentaje de estas reformas se centran en la expansión dantesca de los aparcamientos, ¡dios mío de mi vida! Hileras e hileras infinitas de coches están en frente de mis ojos. A parte de cada uno de los 10 minutos a pie de media necesarios para llegar a los aularios desde los aparcamientos más lejanos (se oye gente bromeando que se sitúan en el mismísimo parque natural del Cabo de Gata), el conjunto de contaminaciones de todo tipo que se provocan son agobiantes, desde la evidente de la combustión, a la visual. Y, claro, todo esto… ¡a escasos metros de la playa!

Es irritante, al menos para mí, pensar en este tema… me resulta espinoso, más aún si cabe viniendo de una institución como la Universidad, concebida de algún modo como solidaria en este tipo de causas, pero claro, las “altas cumbres” universitarias no están hechas de la misma pasta que los estudiantes utópicos, que no los despreocupados. Son las ocho de la mañana y cincuenta y cinco minutos, y la caravana de coches (de los que hay que decir que en su mayoría contienen una sola persona, es decir el conductor - aún no llegaron los vehículos autoguiados a la UAL) se extiende insoportable.


Por tanto, y es ahí donde radica el debate, se podría decir que el fallo está en la expansión del terreno disponible, o en los estudiantes que van en coche a la Universidad con una ocupación mínima, o como no en la concentración de todas las facultades almerienses en un mismo campus, el escaso número de autobuses desde/hacia la UAL en determinados horarios punta… Para mí, es un todo, despreocupación por un lado, por otro. El perjudicado es el mismo de siempre. Para seguir de manera lógica, quiero proponer soluciones que reducirían de una manera considerable el problema, creo en ellas, las veo perfectamente factibles, y es por ello por lo que las presento a continuación de manera resumida:

1 – Ampliación del número de autobuses desde/hacia la UAL, al menos en los horarios punta clásicos de mayor tráfico, como son el inicio y el fin de la mañana.

2 – Creación de listas para el desplazamiento a la UAL. Tengo entendido que se ha realizado en otras ciudades y con bastante éxito. Consiste en la creación de unas listas en las que tanto conductores como no conductores se pueden inscribir, para que los coches que se desplacen a la Universidad lo hagan con la mayor ocupación posible. El beneficio es mutuo: personas que no pueden ir en coche ahora lo hacen con otros conductores habituales que viajan desde la misma zona, que al ofrecer asientos en su vehículo encuentran gente con la que compartir los gastos en combustible. Finalmente, el número de coches en destino es mucho menor.

Ya que el daño hecho hasta ahora es difícilmente reversible (los aparcamientos que hay estarán de ahora en adelante, la cantidad de coches será considerable por la densidad del campus almeriense), debemos concienciarnos en reducir el problema por otros frentes. Por último, más leña al fuego: me llega información de que incluso en algún vehículo de los aparcados en las zonas más lejanas ha habido robos – la iluminación en la zona es más bien nula.

Los días fríos

martes, 2 de diciembre de 2008

No hace tanto del verano, no. Ya no voy en manga corta, eso es cosa de otros, ni veo el mar tranquilo que reposaba exhausto en la arena. Quiero ser el leñador de días más fríos, en los que buscas el fuego de la chimenea para que arda a tu vera. Y un libro, y un LP, la nieve pasa a alta velocidad al lado de los vagones, mientras observamos los olivares congelados. Son días fríos dentro de la propia frialdad que vivimos. El amor no se ofrece en libertad y gratuitamente, vagabundos duermen ante la pasividad de los jóvenes alumbrados por la sinrazón, o cualquiera que pasa por la calle roba los balones despedidos de un zurdazo sinsentido en tu partido de fútbol semanal. No hay mantas ni calefactores que arropen tal fenómeno meteorológico.

Es ahora cuando quiero evocar a Xoel López, evadirme de mí mismo, defender el escapismo. Entiendo su retirada temporal del mundo en el que vive, en el que vivimos, al igual que entendí en otros momentos diferentes a otras personas. Se despide por tiempo indefinido, para viajar por Latinoamérica, para estar con su pareja, o para lo que quisiera hacer, como por ejemplo criar gallinas. Quiero levantar la mirada y reinventarme, ojalá pudiera siquiera hacerlo en los sueños en los que despierto con cara de felicidad. Explorar nuevos mundos, estar con los que quiero estar, escuchar discos de antes hasta caer rendido por el cansancio, leer los libros de poesía que nunca se han escrito, disfrutar con Mule Variations. Evoco a Xoel López, porque el ser humano tiene un límite y una vergüenza, y si tiene el poder y el tiempo necesario tiene también la posibilidad de huir, para luego volver con más fuerzas y honrar a su género. Lo evoco y lo homenajeo desde la envidia y la admiración, me quito el sombrero, y no para aplaudir una cobarde huída de los problemas, sino un decir que estoy en la cima de mis aspiraciones y lo dejo todo por puro inconformismo.

Son días fríos de humanidad y tiempo, que vienen desagradables y con fuerza. Pero amo la nieve con todas mis fuerzas, por la tranquilidad, el ambiente que genera (logramos apreciar de verdad el calor que nos hace vivir), las castañas del puesto de la rambla o los auriculares tirados en la cama. Quiero salir, irme lejos, disfrutar y sufrir por la vida y sus menudencias, lo dejo todo por un minuto contigo, con un sorbo a sorbo de patxarán, con ese tu abrazo de mirada perdida y brazos circundantes en el coche, me partes el corazón. Amo estos días fríos dentro de los otros que vivimos con absurdidad, de los cuáles sólo el calor de la batalla logrará salvarnos.