No, no voy a hablar del circo. Creo que no tengo agallas para hacerlo, al menos de una manera que no provoque una carcajada.
¡¡PLAS!! No, no voy a hablar de acróbatas y de equilibristas, de mujeres barbudas y domadores, de ese ambiente húmedo y mágico, que corta nuestras caras y dibuja sonrisas a puñal lírico, acomoda nuestra infancia de vuelta al presente, al regalo de vivir sin prisas ni preocupaciones y pasarlo bien. No, ni siquiera hablaré de los payasos. ¡
¡TA-CHÁN!! No de aquellos que ejercen sin duda una de las profesiones más bonitas y castigadas de la historia:
hacer reír a las personas. Hablaré de otros payasos, los
payasos de la tele. ¡Ojo! En el ámbito
más moderno aplicable, y más desagradable (duro, ¿eh?, payasos profesionales cuyo nombre es usado para descalificar a otros) de la expresión. Y es que hay muchas profesiones que sufren del intrusismo voraz, entre ellas la de payaso, y además no la dignifican. Es el caso de muchos periodistas, presentadores, famosos, deportistas, y demás personas que aparecen a diario en nuestras cajas tontas. ¡Sí! Es que me hacen reír tanto... ¡me lo paso tan bien viéndolos! Son verdaderos payasos, de los malos, deberían hasta quitarle la nariz postiza roja y el calzado agigantado.
Y es que varios sucesos (vistos en televisión, como creo que no hacía falta aclarar) me han hecho plantearme el rol actual de este medio, en el que he de decir que
creo sólo cuando el material que ofrecen no es producido por él mismo, como por ejemplo partidos de fútbol (a veces hasta ni eso), documentales, o películas. Estoy entre confundido y con sentimiendo de engaño, espero que me ayuden a aclararme, porque no sé si se trata de un montaje colosal con el único fin de provocar risa, si que son tan malos como aparentan, o quieren jugar con nuestro intelecto ya a la ofensiva.
Primero fue el caso del anunciado a bombo y platillo
Multifútbol de La Sexta, una mentira festejada y sin precedentes en lo que al deporte rey se refiere. Cuatro partidos de manera simultánea, en la misma cadena, a la misma hora. Sólo se puede calificar de profundo fracaso, privación de libertad para los usuarios y engaño. Ni ví a mi equipo (las conexiones al final eran prácticamente nulas, los cuatro partidos se quedaron en dos se podría decir, y siempre bajo los intereses de presentadores de la cadena), ni pude pagar por verlo (al tenerlo en exclusiva, no se podía comprar por PPV), y encima los 11 minutos que ví sobre noventa... ¡¡¡eran en diferido!!! Ya decía yo, que era mucha casualidad que las conexiones con los estadios estuvieran tan acertadas... de corbata en cada una de ellas, una vez que lo aprecié. No supe si
cabrearme, llorar o reír. Después, elegí lo más sano...
¡¡¡JAJAJA!!! ¡¡¡BRAVO!!! ¡¡PUEDEN APLAUDIR!!Después se acercó otra vez a mi vida, una vez más, el fenómeno televisivo por antonomasia en este país tan
moderno:
Operación Triunfo. Seré más breve que en el ejemplo anterior: repetitivo, sin ideas, la evidente no música y no voz, una edición más aunque parezca increíble y bochornoso al mismo tiempo y a la vez. Moldes de personitas dados la vuelta en la misma noche, vestidos con las mismas ropas, por cierto muy feas, balbuceando de la misma forma entre ellos y con los anteriores, y los anteriores de los anteriores. Ni nombrar el daño irreparable que hace a la cultura española, y no me refiero a la de la verdadera gama de artistas gracias a Dios aún existiendo, sino a la de la juventud, que atrapados y enganchados alavan sus desfachateces. Otra vez, me pregunté si todo estaba organizado para hacerme llorar de risa, y viendo lo trágico del asunto, llegué a la conclusión de que sí. Incluso la presentencia del rol-jurado con gafas H&M, laptop y mala leche. De nuevo... sólo pude decir.
¡¡INCREÍBLE PERFORMANCE!! ¡¡GRACIAS BOCA POR EXISTIR, PARA PODER REÍR SIN PARAR AHORA!!Finalmente, otro suceso colapsó mis ojos, viniendo de otro programa engañoso, aparentemente cultural, pero igualmente manipulado. Menudo dispositivo montado para la celebración del ganador de
Pasapalabra. Ni a los héroes más grandes. Incluso días antes. Siento destripar a alguien la trama, pero cuando alguien va a ganar en un programa, anuncian su emisión de forma desmesurada y avisando: ¡¡nuestro concursante está muy cerca!! Después de varios días cerquísima, finalmente gana. Sorpresón, de verdad, no lo esperaba. Días transcurridos del eje central de la comedia, sigue apareciendo en los telediarios de la misma cadena -¿cuesta tanto hacernos eco de las cosas que en realidad importan?- hasta poner la guinda al pastel. Siendo sincero, me dolía la
tripa de reír tanto ya, no me lo esperaba. El chico ganador, que es militar que supongo que no lo sabrán, aparece de nuevo en el telediario,
siendo recibido por la Ministra de Defensa Carme Chacón y además vestido de uniforme. Sin palabras,
¡PASOPALABRA! Después de todo, y por si quedara alguna duda me vuelvo a preguntar si sé el rol que juega hoy en día la televisión en nuestras vidas, como medio cada vez menos presente. No lo sé, y ni siquiera sé si el que tenga es útil. No quiero más
MultiOT,
Pasa de estadio a estadio, o la
Operación llega al Ministerio y sé famoso. No,
no quiero. Y creo que es mi deber moral proclamarlo a los cuatro vientos. Me quedo con Miliki y compañía, esos sí que los más grandes payasos de la tele. Esos que te hacen reír desde la inocencia y la ridiculez, desde la picardía y la ternura, no desde el engaño y bajo el no parar de la máquina de hacer dinero.
¿¿¡¡ CÓMO SIGUEN USTEDES !!??