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Volver a arriesgar

domingo, 15 de marzo de 2009

La lluvia de sucesos me invade y aunque no trato de demostrar cosas indemostrables, esta noche sólo puedo decir que en el juego de la vida, arriesgar es fundamental, y como si se tratara de los nefastos arbitrajes ligueros de cada domingo, al final de la competición te dan y te quitan. Siempre habrá buenos momentos, momentos excelentes y peores, y que nos produzcan dolor, pero no sin arriesgar. La comodidad es algo que detesto y me aburre, día a día intento escapar lo más rápido posible de la monotonía. Arriesgar es el tren que pasa, el salto al vacío.

Es cierto que cuando lo peor ronda nuestras cabezas estamos ciegos. Nada nos invita a ser optimistas, y los momentos buenos quedan minimizados, queriendo evitar repetirlos para así no volver a caer en los mismos errores. El amor, el trabajo, o incluso detalles triviales de la vida cotidiana, todo hasta hoy me ha demostrado lo contrario: merece la pena volver a arriesgar. Sin ese punto de valentía, no se puede ganar. Y si algo hay que ser en la vida es ambicioso, valiente. Yo no prefiero quedarme con la duda de saber qué hubiera pasado si... mejor que no, y si caes de bruces, aprender, manejar, envejecer. Siempre ha habido y habrá malos momentos, y por más que nos habituémos a ello los palos escuecen, pero precisamente existen porque los hay buenos de verdad, de los que nos satisfacen, por los que es más que importante luchar, la base de nuestros sueños y aspiraciones La búsqueda no es fácil, pero siempre será mejor que quedarse sentado en casa. Me repito, a mi modo de ver, merece la pena volver a arriesgar.

Siete maneras de decir manzana

sábado, 10 de enero de 2009

Quiero con este mi primer artículo de 2009, dejar por primera vez una opinión, reseña, sobre esos libros que van pasando por mis manos y mis ojos y que considero merece la pena que sean encuadrados dentro de la filosofía que seguimos en Los Tiempos Modernos, porque al fin y al cabo, aportan contenidos que marcan la diferencia.


En esta ocasión el libro de Benjamín Prado, "Siete maneras de decir manzana", es el que me ocupa y preocupa. Y es que si antes de su lectura prometía un buen fondo, sin duda después lo ha justificado y con creces. Con este ensayo publicado en el año 2000, la compensación obtenida a la vez desarrollando una fácil lectura es muy grande. Tal y como dice el propio Prado, "no me atrevo a decir que ofrezca teorías, aunque es obvio que sí pone sobre la mesa algo más que simples opiniones". El autor habla desde su experiencia personal profundamente para guiarnos a los lectores inexpertos en el complejo arte de la creación poética y así poder diferenciar más claramente qué es un buen poema y qué no, y a los expertos y conocedores de la fórmula secreta a encontrar vías de mantenimiento. En lo primero es lo que quiero centrar mis comentarios y sudores más grandes.

Estructurado en los distintos componentes que a su juicio deben conformar un buen poema, sin marginación de unos ni ensalzamiento de otros, Prado nos deja un rico y variado compendio de poemas fundamentales y de autores prioritarios, destacando por encima de todos Paul Valéry. Pasan por sus páginas Luis Cernuda, Jorge Guillén, T.S. Eliot, Octavio Paz, Federico García Lorca, Marina Tsvitáieva, José Ángel Valente o Jaime Gil de Biedma. Anécdotas de éstos y sus propias opiniones y visiones integradas en algunas de sus obras, nos muestran y justifican las directrices planteadas por Prado bajo los
paradigmas fundamentales del tema, el estilo, el ritmo, la metáfora, el silencio y la diana u objetivo final de toda poesía. Aunque sin duda, aún alcanzando la perfección sentado en las playas de cada uno de ellos, un poema debe ser original y cercano, real como la vida del lector que lo disfruta y sufre.

Porque
crear poesía es una lucha continua, y no como en general es pensado que viene fruto de la inspiración divina puntual. Una de las normas citadas en la creación de un buen poema consiste en tomar una serie de decisiones previas al poema, trabajos y estudios preliminares que nos permitan saber qué es exactamente lo que vamos a decir si nos atrevemos a decir manzana. De ese tipo de decisiones es lo de lo que trata este ensayo.

Sin más que añadir al respecto, y recomendando por supuesto su lectura, dejo también un excelente poema creado por Benjamín Prado, escrito para Joaquín Sabina, y musicalizado por éste a su vez, publicándolo en el álbum
"Esta boca es mía"; "Esta noche contigo" (aquí puedes consultar la letra).