sábado 10 de enero de 2009
Quiero con este mi primer artículo de 2009, dejar por primera vez una opinión, reseña, sobre esos libros que van pasando por mis manos y mis ojos y que considero merece la pena que sean encuadrados dentro de la filosofía que seguimos en Los Tiempos Modernos, porque al fin y al cabo, aportan contenidos que marcan la diferencia.

En esta ocasión el libro de Benjamín Prado, "Siete maneras de decir manzana", es el que me ocupa y preocupa. Y es que si antes de su lectura prometía un buen fondo, sin duda después lo ha justificado y con creces. Con este ensayo publicado en el año 2000, la compensación obtenida a la vez desarrollando una fácil lectura es muy grande. Tal y como dice el propio Prado, "no me atrevo a decir que ofrezca teorías, aunque es obvio que sí pone sobre la mesa algo más que simples opiniones". El autor habla desde su experiencia personal profundamente para guiarnos a los lectores inexpertos en el complejo arte de la creación poética y así poder diferenciar más claramente qué es un buen poema y qué no, y a los expertos y conocedores de la fórmula secreta a encontrar vías de mantenimiento. En lo primero es lo que quiero centrar mis comentarios y sudores más grandes.
Estructurado en los distintos componentes que a su juicio deben conformar un buen poema, sin marginación de unos ni ensalzamiento de otros, Prado nos deja un rico y variado compendio de poemas fundamentales y de autores prioritarios, destacando por encima de todos Paul Valéry. Pasan por sus páginas Luis Cernuda, Jorge Guillén, T.S. Eliot, Octavio Paz, Federico García Lorca, Marina Tsvitáieva, José Ángel Valente o Jaime Gil de Biedma. Anécdotas de éstos y sus propias opiniones y visiones integradas en algunas de sus obras, nos muestran y justifican las directrices planteadas por Prado bajo los paradigmas fundamentales del tema, el estilo, el ritmo, la metáfora, el silencio y la diana u objetivo final de toda poesía. Aunque sin duda, aún alcanzando la perfección sentado en las playas de cada uno de ellos, un poema debe ser original y cercano, real como la vida del lector que lo disfruta y sufre.
Porque crear poesía es una lucha continua, y no como en general es pensado que viene fruto de la inspiración divina puntual. Una de las normas citadas en la creación de un buen poema consiste en tomar una serie de decisiones previas al poema, trabajos y estudios preliminares que nos permitan saber qué es exactamente lo que vamos a decir si nos atrevemos a decir manzana. De ese tipo de decisiones es lo de lo que trata este ensayo.
Sin más que añadir al respecto, y recomendando por supuesto su lectura, dejo también un excelente poema creado por Benjamín Prado, escrito para Joaquín Sabina, y musicalizado por éste a su vez, publicándolo en el álbum "Esta boca es mía"; "Esta noche contigo" (aquí puedes consultar la letra).
Estructurado en los distintos componentes que a su juicio deben conformar un buen poema, sin marginación de unos ni ensalzamiento de otros, Prado nos deja un rico y variado compendio de poemas fundamentales y de autores prioritarios, destacando por encima de todos Paul Valéry. Pasan por sus páginas Luis Cernuda, Jorge Guillén, T.S. Eliot, Octavio Paz, Federico García Lorca, Marina Tsvitáieva, José Ángel Valente o Jaime Gil de Biedma. Anécdotas de éstos y sus propias opiniones y visiones integradas en algunas de sus obras, nos muestran y justifican las directrices planteadas por Prado bajo los paradigmas fundamentales del tema, el estilo, el ritmo, la metáfora, el silencio y la diana u objetivo final de toda poesía. Aunque sin duda, aún alcanzando la perfección sentado en las playas de cada uno de ellos, un poema debe ser original y cercano, real como la vida del lector que lo disfruta y sufre.
Porque crear poesía es una lucha continua, y no como en general es pensado que viene fruto de la inspiración divina puntual. Una de las normas citadas en la creación de un buen poema consiste en tomar una serie de decisiones previas al poema, trabajos y estudios preliminares que nos permitan saber qué es exactamente lo que vamos a decir si nos atrevemos a decir manzana. De ese tipo de decisiones es lo de lo que trata este ensayo.
Sin más que añadir al respecto, y recomendando por supuesto su lectura, dejo también un excelente poema creado por Benjamín Prado, escrito para Joaquín Sabina, y musicalizado por éste a su vez, publicándolo en el álbum "Esta boca es mía"; "Esta noche contigo" (aquí puedes consultar la letra).


6 comentarios:
Ha sido leerte y venirme a la mente una escena de El club de los poetas muertos. Esa en la que arrancan una hoja del libro, ¿sabéis cuál digo?
No tengo ni idea de poesía, bueno, no tengo ni idea de "hacer poesía", para disfrutarla, no me hace falta saber si lo que estoy leyendo es bueno o malo, según las normas para hacer poesía.
La canción, buenísima. :)
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Está claro que no hay normas que digan matemáticamente qué poema es bueno o no, no es una ciencia exacta la poesía. Lo que sí es viable es establecer unos criterios, como ha hecho el autor del libro, que con su experiencia avala, que de manera general digan lo que es un buen poema, históricamente, dados los poemas y poetas fundamentales.
Aún así, luego es la emoción de cada uno la que dicta sentencia. Un poema es parte emoción subjetiva y parte unas pinceladas técnicas inevitables, y no sólo cosas obvias como las métricas.
Saludos,
Yo creo que el tema de definir qué es buena poesía y qué no es un poco complejo; explicaré el porqué. Creo que en la poesía se pone de manifiesto algo que ocurre en muchos campos del arte y la cultura: la importancia de la firma. Es decir, la trayectoria de un poeta creo yo -sin ánimo de dogmatizar- es fundamental a la hora de valorar una obra suya. ¿Valoramos igual los versos de Alberti El mar. La mar. El mar. ¡Sólo la mar! sabiendo quién los firma que si, por ejemplo, estuvieran escritos en algún post perdido firmados por un bloggero anónimo? ¿O tan sólo la firma les otorga la "publicidad" necesaria para que puedan ser apreciados por más lectores? Creo sinceramente que en la práctica es la primera opción la que cuenta. Los poemas de Lorca le coronaron como poeta universal -merecido, sin duda- pero muchas de esas mismas letras en manos de cualquier escritor desconocido, probablemente, lamentablemente no pasarían sino por ñoñas y facilonas.
Totalmente de acuerdo, Álvaro :)
A los dos os invito a la lectura de este libro, y así ver con más claridad los valores que al estar dentro de un poema lo hacen bueno, sin tener en cuenta la firma. Los hay y muchos, y difíciles.
Saludos,
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