Lo único que es para siempre es lo que se ha perdido
Los últimos románticos (La Habitación Roja)
Viendo la película "
Despertares" la otra noche, dirigida por Penny Marshall y en cuyo reparto se encuentran nada más y nada menos que
Robin Williams y
Robert De Niro, se
despertaron en mí multitud de sensaciones a las cuales me quiero referir en este breve artículo (que como verán, no se trata de una sinopsis del film, el cual recomiendo fervorosamente). La temática, con raíz en la neurociencia y tratando muchísimos temas que pueden crear controversia, (más de un compañero de bitácora y muchísimos de los lectores habituales lo podrá discutir con mayor conocimiento que yo) no es sino completamente apasionante. En muchas de sus impactantes escenas aparecieron una vez más la gran mayoría de mis miedos, como lo son la enfermedad o la soledad, aunque el que más estaba presente era sin duda el que más me preocupa, esto es, el hecho de
envejecer y la
pérdida de facultades (que, como no, sumado al resto adquiere aún mayor importancia). Aunque todo esto se trate de un proceso de aprendizaje y adquisición de experiencia, me resigno ante ello.
Más que a la propia muerte.
Los personajes que aparecen, uno detrás de otro evidencian cada uno de estos miedos, además del impacto que supone en el espectador el ver cómo personas padecen enfermedades que les imposibilitan moverse, o incluso comunicarse, durante décadas. Lo mejor de todo, después de la frialdad y transparencia del argumento, es el mensaje profundo y de primer orden que nos deja. Y es ahí donde quiero hacer hincapié en estos días, en la hermosura de la vida que por suerte tenemos la opción de disfrutar. Sí, hay muchísimas personas que no la tienen y aún siendo así, no valoramos las pequeñeces que hacen de todo esto
un sueño. La crisis económica a nivel mundial, la esperanza en el nuevo presidente Obama, el terrorismo nacional e internacional, o el número de parados en España son algunos ejemplos de problemas que día a día conviven con nosotros, y de los cuales tenemos el compromiso moral de preocuparnos, o más bien, ocuparnos. Otra cosa es olvidar el placer de un café en soledad, acariciar a tu gato (siempre altruísta) o la posibilidad de elegir si leer un buen libro o ver una película inolvidable.
Hay personas que
al mirar a través de la ventana, no podrán después decidir si andar por la calle que dobla la esquina y va al mercado, o la calle que cruza justo enfrente del colegio, porque no tienen la capacidad de andar, o incluso de ver. Incluso durante décadas. Tomando esto como nuevo punto de partida, creo que será más fácil apreciar la grandeza del ser humano y sus circunstancias, y así tener algún día la posibilidad de conocer el complejo entramado que consiste en
ser feliz.