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Elegía al Abuelo

martes, 31 de marzo de 2009

Hace tiempo que no sé nada de tí,
te fuiste con prisa, luchando y sin ganas,
recogiendo besos y dejando lágrimas
a tu paso.

Tu silla inmóvil y tus escritos
limpios y ordenados como el recuerdo,
que lanza mis pasos y guía mis actos
dentro de mis miedos.

Aún te espero sentado en la cocina,
cuéntame una historia que consuele,
pero se quedan las copas vacías
día tras día.

En mi vida llevo tu enseñanza,
sigo subiendo escalones como metas
sin que esas metas dejen de ser
nuevos escalones.

Dejaste abrumada la ignorancia,
transmitiste el valor de la experiencia,
la vida hay que matarla desde el frente,
que morir es volver a nacer
en otra vida.

Volver a arriesgar

domingo, 15 de marzo de 2009

La lluvia de sucesos me invade y aunque no trato de demostrar cosas indemostrables, esta noche sólo puedo decir que en el juego de la vida, arriesgar es fundamental, y como si se tratara de los nefastos arbitrajes ligueros de cada domingo, al final de la competición te dan y te quitan. Siempre habrá buenos momentos, momentos excelentes y peores, y que nos produzcan dolor, pero no sin arriesgar. La comodidad es algo que detesto y me aburre, día a día intento escapar lo más rápido posible de la monotonía. Arriesgar es el tren que pasa, el salto al vacío.

Es cierto que cuando lo peor ronda nuestras cabezas estamos ciegos. Nada nos invita a ser optimistas, y los momentos buenos quedan minimizados, queriendo evitar repetirlos para así no volver a caer en los mismos errores. El amor, el trabajo, o incluso detalles triviales de la vida cotidiana, todo hasta hoy me ha demostrado lo contrario: merece la pena volver a arriesgar. Sin ese punto de valentía, no se puede ganar. Y si algo hay que ser en la vida es ambicioso, valiente. Yo no prefiero quedarme con la duda de saber qué hubiera pasado si... mejor que no, y si caes de bruces, aprender, manejar, envejecer. Siempre ha habido y habrá malos momentos, y por más que nos habituémos a ello los palos escuecen, pero precisamente existen porque los hay buenos de verdad, de los que nos satisfacen, por los que es más que importante luchar, la base de nuestros sueños y aspiraciones La búsqueda no es fácil, pero siempre será mejor que quedarse sentado en casa. Me repito, a mi modo de ver, merece la pena volver a arriesgar.

Inevitable

miércoles, 18 de febrero de 2009

Si hoy escribo es por el inevitable revuelto de tripas que me ha provocado la resolución (aún no completa) del reciente asesinato de la chica sevillana Marta del Castillo. Se trata de un asesinato más (vergüenza siento como ser humano) y no lo es. La juventud de la chica, su carisma, y el cómo se ha ido implicando cada vez más el pueblo son algunas de las características que, y saltan a la vista, hacen que no lo sea. El perfil del asesino es cuanto menos conmovedor. Al ver su fotografía en los periódicos digitales, me di cuenta de algo: he visto personas como esa muchísimas veces, en la calle, de fiesta, paseando, o en la playa, por citar algunos de los sitios. Me inquita pensar que haya otros tantos cerca de todos. En la biblioteca no.

Aún no sé, y espero que nunca llegue a saberlo, cómo puede llegar a matar alguien normal -normal al menos aparentemente-. Es evidente la gigantesca culpabilidad del asesino, Miguel Carcaño, como mi condena del asesinato y el apoyo a la familia y toda la gente que sufren, injustamente, por ello. Obviando ello, quisiera hacer hincapié en cual pudiera ser el origen de los actos del asesino, y plantear debate a todos los lectores. Y es que bien por ignorancia y/o falta de educación, o bien por un trastorno mental grave se ha llegado a esta situación tan límite. Claro que este trastorno puede surgir por estocástica, o por (como parece que es el caso) experiencias vividas por el sujeto en su infancia, de gran importancia y que negativamente influyeron para el resto de su vida. Terreno pantanoso y complicado. En manos de profesionales como psicólogos, psiquiatras, y jueces queda la habilidad de discernir la frontera entre todos estos aspectos. No tengo conocimiento suficiente de cual pudiera ser la influencia de cada uno de ellos en la sentencia final (Dios me libre de dar un veredicto), pero las consecuencias han sido claras, desafortunadamente. Esperemos que la pena sea justa y proporcional.

Lo real e inmediato es que ahora falta Marta. Lo preocupante y lo que me provoca pavor es que se trata de personas normales, de la calle, como cualquiera con quién cruzar una mirada o unas palabras en la parada del autobús. Seriales americanos trasladados a nuestra cotidianidad. En todos está la posibilidad de interrumpir la trama, cortarla de raíz, o por el contrario permanecer por siempre como meros espectadores acomodados. Podadoras como la educación, la cultura o el apoyo psicológico a niños y niñas, pueden que nos ayuden a prevenir mejor casos parecidos a éste en el futuro.

Tu abandono y yo

jueves, 5 de febrero de 2009

Ahora toco los álbumes de fotos,
no fotografiaron mi futuro,
luces, ruido, gritos, saltos,
los añoro con desconocimiento.

Tú en la barra fría y pensativa,
¡y la cerveza ajena a tus manos!
Tú has sido siempre mi poesía,
pentagrama de mi poemario.

Ahora el micrófono ha volcado.
Más al fondo del vacío yace.
Las letras me han abandonado,
otros corrieron mi mala suerte.

Me quedas tú en otro estado
en el folclore de los pueblos,
con tu guitarra triste y rasgada,
en el rock clásico y moderno.

Voz quebrada nunca mueras,
sin parar tu burbujeo inquietante,
si no ese día arrancaré, a tirones,
mi vida, mis ojos y mi traste.

Despertares

martes, 20 de enero de 2009


Lo único que es para siempre es lo que se ha perdido
Los últimos románticos (La Habitación Roja)

Viendo la película "Despertares" la otra noche, dirigida por Penny Marshall y en cuyo reparto se encuentran nada más y nada menos que Robin Williams y Robert De Niro, se despertaron en mí multitud de sensaciones a las cuales me quiero referir en este breve artículo (que como verán, no se trata de una sinopsis del film, el cual recomiendo fervorosamente). La temática, con raíz en la neurociencia y tratando muchísimos temas que pueden crear controversia, (más de un compañero de bitácora y muchísimos de los lectores habituales lo podrá discutir con mayor conocimiento que yo) no es sino completamente apasionante. En muchas de sus impactantes escenas aparecieron una vez más la gran mayoría de mis miedos, como lo son la enfermedad o la soledad, aunque el que más estaba presente era sin duda el que más me preocupa, esto es, el hecho de envejecer y la pérdida de facultades (que, como no, sumado al resto adquiere aún mayor importancia). Aunque todo esto se trate de un proceso de aprendizaje y adquisición de experiencia, me resigno ante ello.

Más que a la propia muerte.

Los personajes que aparecen, uno detrás de otro evidencian cada uno de estos miedos, además del impacto que supone en el espectador el ver cómo personas padecen enfermedades que les imposibilitan moverse, o incluso comunicarse, durante décadas. Lo mejor de todo, después de la frialdad y transparencia del argumento, es el mensaje profundo y de primer orden que nos deja. Y es ahí donde quiero hacer hincapié en estos días, en la hermosura de la vida que por suerte tenemos la opción de disfrutar. Sí, hay muchísimas personas que no la tienen y aún siendo así, no valoramos las pequeñeces que hacen de todo esto un sueño. La crisis económica a nivel mundial, la esperanza en el nuevo presidente Obama, el terrorismo nacional e internacional, o el número de parados en España son algunos ejemplos de problemas que día a día conviven con nosotros, y de los cuales tenemos el compromiso moral de preocuparnos, o más bien, ocuparnos. Otra cosa es olvidar el placer de un café en soledad, acariciar a tu gato (siempre altruísta) o la posibilidad de elegir si leer un buen libro o ver una película inolvidable.

Hay personas que al mirar a través de la ventana, no podrán después decidir si andar por la calle que dobla la esquina y va al mercado, o la calle que cruza justo enfrente del colegio, porque no tienen la capacidad de andar, o incluso de ver. Incluso durante décadas. Tomando esto como nuevo punto de partida, creo que será más fácil apreciar la grandeza del ser humano y sus circunstancias, y así tener algún día la posibilidad de conocer el complejo entramado que consiste en ser feliz.