Los días fríos

martes, 2 de diciembre de 2008

No hace tanto del verano, no. Ya no voy en manga corta, eso es cosa de otros, ni veo el mar tranquilo que reposaba exhausto en la arena. Quiero ser el leñador de días más fríos, en los que buscas el fuego de la chimenea para que arda a tu vera. Y un libro, y un LP, la nieve pasa a alta velocidad al lado de los vagones, mientras observamos los olivares congelados. Son días fríos dentro de la propia frialdad que vivimos. El amor no se ofrece en libertad y gratuitamente, vagabundos duermen ante la pasividad de los jóvenes alumbrados por la sinrazón, o cualquiera que pasa por la calle roba los balones despedidos de un zurdazo sinsentido en tu partido de fútbol semanal. No hay mantas ni calefactores que arropen tal fenómeno meteorológico.

Es ahora cuando quiero evocar a Xoel López, evadirme de mí mismo, defender el escapismo. Entiendo su retirada temporal del mundo en el que vive, en el que vivimos, al igual que entendí en otros momentos diferentes a otras personas. Se despide por tiempo indefinido, para viajar por Latinoamérica, para estar con su pareja, o para lo que quisiera hacer, como por ejemplo criar gallinas. Quiero levantar la mirada y reinventarme, ojalá pudiera siquiera hacerlo en los sueños en los que despierto con cara de felicidad. Explorar nuevos mundos, estar con los que quiero estar, escuchar discos de antes hasta caer rendido por el cansancio, leer los libros de poesía que nunca se han escrito, disfrutar con Mule Variations. Evoco a Xoel López, porque el ser humano tiene un límite y una vergüenza, y si tiene el poder y el tiempo necesario tiene también la posibilidad de huir, para luego volver con más fuerzas y honrar a su género. Lo evoco y lo homenajeo desde la envidia y la admiración, me quito el sombrero, y no para aplaudir una cobarde huída de los problemas, sino un decir que estoy en la cima de mis aspiraciones y lo dejo todo por puro inconformismo.

Son días fríos de humanidad y tiempo, que vienen desagradables y con fuerza. Pero amo la nieve con todas mis fuerzas, por la tranquilidad, el ambiente que genera (logramos apreciar de verdad el calor que nos hace vivir), las castañas del puesto de la rambla o los auriculares tirados en la cama. Quiero salir, irme lejos, disfrutar y sufrir por la vida y sus menudencias, lo dejo todo por un minuto contigo, con un sorbo a sorbo de patxarán, con ese tu abrazo de mirada perdida y brazos circundantes en el coche, me partes el corazón. Amo estos días fríos dentro de los otros que vivimos con absurdidad, de los cuáles sólo el calor de la batalla logrará salvarnos.

3 comentarios:

Mrk dijo...

Me gusta el despliegue de sicodelia que has usado para este artículo. Me gusta cómo retratas las pequeñas cosas como el puesto de castañas, los auriculares tirados en la cama... Y las grandes cosas como la decisión de escapar.
Recomiendo leer este artículo escuchando el cd "maniobras de escapismo" de Love of Lesbian. Una sintonía perfecta!
Gracias!

Mrk

José R. Suárez dijo...

No sé de quién se escribe ni si protagoniza "una cobarde huída de los problemas" o, simplemente, ha decidido que está "en la cima de mis (sus) aspiraciones y lo dejo (deja) todo por puro inconformismo". No me importa. Celebro que haya quien lo haga pero no caigamos en el error de mitificar al que lo hace.


Post Scriptum A veces es la opción más fácil y cómoda.

D.G. dijo...

Me parecen bien esos retiros enriquecedores de los que hablas, y envidio con ansiedad a quien pueda realizarlos.... lamentablemente la vida no nos da tregua a veces a realizar estas acciones, no al menos si compartes algo, fisio o material, con algo o alguien...
Por otro lado, no te vayas mu lejo, leete un buen lobro de poesía, escuchate un buen disco y fúmate un buen ... bueno ya sabes.
Salu2!

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